A Leandro se le encogió el corazón. No podía creer que Federico fuera a hablar directamente con Joana.
En otras circunstancias, si Federico se hubiera dispuesto a hablar con Joana, ella se habría puesto feliz —después de todo, llevaba años buscando su aprobación. Pero en esta situación, estaba clarísimo que Federico solo quería pedirle cuentas.
—Papá, mejor contesto yo —dijo Leandro.
Federico clavó en él sus ojos turbios pero afilados.
—Dije que contesto yo.
Fue una sola frase, pero cargada de u