Todas las miradas de los invitados se clavaron de inmediato en las cajas de regalo.
—Señor Rodríguez, ¿ese es su regalo para don Federico?
—¿Qué habrá adentro?
—Señor Rodríguez, ábralo de una vez, ¡déjenos ver!
Luis abrió personalmente la primera caja de palisandro. Por dentro estaba forrada con terciopelo blanco como la nieve, y en el centro reposaba, en silencio, un collar de perlas de mar profundo.
Las perlas eran perfectamente redondas y llenas, con un brillo suave y frío que las hacía reluc