Leandro se quedó paralizado por un instante.
Katia lo miraba con los ojos desbordados de rencor.
—Leandro, tú arruinaste mi vida entera. Si no hubiera sido por Sara, probablemente ya estaría muerta. Jamás te lo voy a perdonar. Y ahora solo me queda esperar a ver cómo terminas.
—¿Cómo termino yo? —respondió Leandro.
Katia dio un paso más, encarándolo de cerca.
—Tú y tu manía de favorecer a tu amante y a tu hija ilegítima, ya eso es el colmo. Pero Sara también es tu hija, ¡y hoy estuviste dispuest