Al otro lado de la línea, Joana se quedó paralizada un instante. No se esperaba que Federico le hablara con un tono tan severo, dejándola en tal vergüenza.
El quiebre fingido en su voz se le atoró de golpe, y balbuceó, presa del pánico:
—Federico, no entiendo a qué se refiere. De verdad, solo quise ayudar de buena fe.
—¿De buena fe? —Federico soltó una risa fría—. Le entregaste a Leandro una foto manipulada, y encima le dijiste específicamente que la mostrara hoy, en la fiesta, con toda la alta