Luis no dijo nada e intentó subir.
Pero Rosa volvió a detenerlo: —Señor, si no quiere dormir en el estudio, ¡puede dormir en la habitación de huéspedes! ¿Dónde prefiere dormir?
Luis suspiró resignado.
Su abuelo no lo dejaba en paz, y Rosa tampoco.
Luis apretó sus labios: —No quiero dormir en el estudio ni en la habitación de huéspedes. No elijo ninguna de las dos.
Rosa lo miró con recelo: —Señor, entonces ¿quiere dormir... en la oficina?
Luis se quedó sin palabras por un momento: —...No voy a do