El cerebro de Sara estaba completamente en blanco. No sabía qué estaba pensando ni qué debía decir.
Antes de que pudiera reaccionar, Luis ya había apartado la mirada y subido las escaleras a toda prisa.
Su actitud era distante y fría, regresando de golpe al estado anterior cuando ambos eran prácticamente extraños.
Incluso peor que antes.
Los dedos de Sara se curvaron lentamente alrededor de la taza de leche, mientras su corazón ya se preparaba para que él pidiera el divorcio.
Ahora la situación