Luis se acercaba, Sara no pudo evitar retroceder, ya sentía el frío que despedía Luis.
Aunque ahora se mantenía calmado, igual el frío era penetrante.
Sara se sentía un poco culpable, pero más que nada asustada y nerviosa. Luis ya había llegado hace rato.
¿Lo escuchó todo?
Sara comenzó:
—Yo...
Viendo cómo evitaba su mirada, Luis sonrió con frialdad:
—¿Por qué te quedaste callada? ¿No tienes nada que decirme?
Sara retrocedió hasta la mesa de la oficina, ya tocando el borde con la espalda, solo pu