—Rosa, no te preocupes. Ahora que estoy embarazada, tengo mis precauciones. Además, no puedo seguir ocultándole el embarazo a Luis para siempre. Buscaré el momento para decírselo.
Rosa estaba muy satisfecha.
—Así está bien, señora. Dígale pronto al señor, así él también podrá cuidarla a usted y al bebé. ¡Esa es la responsabilidad de un esposo y un padre!
Sara no se atrevía a dejar que Luis asumiera esa responsabilidad. Lo que le preocupaba era cuál sería la reacción de Luis si supiera que estaba