Luis no se levantó. Apretó más a Sara entre sus brazos. En realidad, su reloj biológico ya lo había despertado una vez a las seis, pero como Sara dormía en sus brazos, no se levantó.
Luis miró sus labios rojos.
—¿Estás cansada?
Sara sabía a qué se refería.
—¡No estoy cansada!
Luis extendió la mano para acariciar sus labios rojos.
—Tienes la comisura de los labios pelada.
Sara le lanzó una mirada coqueta y reprochadora.
—¡Es tu culpa! ¡Sacas provecho y encima te haces el inocente!
Luis sonrió con