Las citas, en las semanas posteriores a la gala, tenían una cualidad extraña e artificial, como comidas consumidas a partir de fotografías de alimentos en lugar de la comida misma: técnicamente, todos los componentes correctos dispuestos en el orden correcto y, de alguna manera, totalmente sin nutrición. Miguel llevó a Luna al restaurante del muelle que a ella siempre le había encantado, el que tenía la terraza iluminada por velas con vistas a la marina, y la observó reírse de algo que él había