Miguel miró el mensaje durante un largo momento, con algún viejo y agotado instinto preparándose de inmediato contra cualquier nueva complicación que esto representara. No respondió de inmediato; en su lugar, se sirvió otro vaso de agua —la misma elección deliberada y honesta que llevaba semanas haciendo— y se sentó con el mensaje sin abrir frente a él mientras reunía lo que quedara de sus mermadas reservas de paciencia y resolución.
Respondió finalmente, tras casi una hora de deliberación, man