Alejandro llegó a Ritchie Laboratories dentro de la hora posterior a la llamada de Celeste, renunciando por completo a su habitual paso pausado; y en el momento en que entró en su oficina y vio las pilas de hojas impresas desplegadas sobre el escritorio, junto con el agotamiento marcado en el rostro de ella, algo en su propia compostura exterior se tensó en un nivel de concentración que ella rara vez le había visto antes.
—Cuéntame todo —dijo él, cerrando la puerta detrás de sí y acercando ya u