Alejandro lo miró durante un largo momento antes de responder, con algo complejo moviéndose detrás de sus ojos — no hostilidad, ni siquiera sorpresa de que Miguel hubiera venido, simplemente el agotamiento inmenso y difuso de un hombre que había pasado la última hora aprendiendo a sobrevivir minuto a minuto en lugar de pensar a más largo plazo.
* Está viva - dijo finalmente, y las dos palabras cayeron en el pecho de Miguel con una fuerza que casi le dobló las rodillas, con el alivio y el terro