La Catedral de San Judas en Coral Gables se alzaba como un monumento de piedra y fe, pero esa tarde, bajo el cielo encapotado de Miami, se sentía más como un mausoleo, el ensayo de la ceremonia debía ser el ensayo de una unión, pero la grieta abierta en el hotel el día anterior se había convertido en un abismo de silencios entre los novios.
Iván y Alma llegaron en vehículos separados.
La tensión era tan palpable que incluso los organizadores de la boda y el párroco evitaban mirarlos a los ojos.