El pasillo del hospital olía a una mezcla asfixiante de antiséptico y flores frescas. Iván caminaba al lado de Alma, y su mano firme descansando en la parte baja de su espalda, una presencia protectora que ella agradecía más de lo que podía expresar.
Tras la tormenta en el tribunal con el juez Randall, la visita a la Jueza Davis se sentía como un trámite necesario, pero cargado de una tensión invisible.
En la habitación 402, la Jueza Davis descansaba con el tobillo elevado y una férula blanca.