El espejo de la suite principal devolvía una imagen que Alma apenas podía reconocer como propia.
Llevaba un vestido de seda líquida en color azul medianoche, una pieza de alta costura que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, sus hombros estaban descubiertos, y en su cuello descansaba una gargantilla de zafiros que Iván le había entregado minutos antes con una frialdad mecánica.
— Las joyas son un préstamo de la caja fuerte de la familia — le había dicho él más temprano cuando se la di