El estruendo de la explosión inicial fue solo el preludio de un infierno que parecía reclamar su derecho sobre la propiedad de los Lockwood.
El aire se volvió una masa sólida de calor, cenizas y el olor acre del combustible quemado, en medio de ese paisaje apocalíptico, Henry no se detuvo, sus pulmones, ya castigados por el humo de la explosión que casi lo mata, ardían con cada bocanada, pero sus ojos estaban fijos en el pequeño bulto que sollozaba dentro de la cabina del generador.
Henry alcan