El pasillo de la clínica privada olía a antiséptico y a ese silencio denso que solo se encuentra en los lugares donde la vida y la muerte libran sus batallas más silenciosas.
Iván Lockwood permanecía inmóvil frente a la puerta de la habitación, con las manos vendadas y el rostro marcado por el hollín y el cansancio, las palabras del médico seguían rebotando en su mente como un eco infinito.
« La señora está embarazada ».
Cuando finalmente le permitieron entrar, la luz del amanecer se filtraba t