Mundo ficciónIniciar sesiónEn el desvencijado taller de la Pequeña Habana, el teléfono celular que Mateo le había entregado a Alexander volvió a vibrar sobre la mesa de madera. El zumbido intermitente cortó la respiración de ambos hombres.
Alex, que ya tenía la maleta de lona al hombro listo para salir a buscar a Helena, tomó el aparato con dedos torpes y el pulso desbocado.
— ¿Qué pasó? — exigió, con la voz ro







