Chase se sentó a los pies de la cama. Por primera vez en años, los dos hermanos se miraron sin el velo de la competencia, ni el desprecio o las bromas hirientes. Había algo en el ambiente, una vulnerabilidad compartida ante el monstruo al que llamaban padre.
— Está viva, Alex. Lo siento en los huesos — dijo Chase en voz baja, jugueteando con un encendedor entre sus dedos.
— ¿Cómo puedes estar tan seguro? — Alex intentó sentarse, apretando los dientes mientras los puntos de sutura tiraban de su