El zumbido del extractor del comedor general de Broward amortiguaba el tintineo de las bandejas de plástico.
Las reclusas se amontonaban en las mesas de madera alargadas bajo un bochorno que hacía que la lona naranja de los uniformes se pegara a la piel como una segunda capa de condena.
En una de las esquinas más alejadas, bajo el punto ciego de la cámara de seguridad del ala norte, Helena empujaba con desgano una porción de puré de papas deshidratado.
Brooke estaba sentada frente a ella. Aunqu