Capítulo 23
Alexander entró a la habitación como un huracán. Lanzó la chaqueta y la corbata sobre el sillón con rabia, y, en un gesto impaciente, se arrancó la camisa con tanta fuerza que los botones salieron volando, golpeando el piso de madera.
Su pecho desnudo subía y bajaba con un ritmo descompasado. Aflojó el cinturón, se libró de él y fue hasta la ventana. Pasó los dedos por su cabello rubio, intentando encontrar algún rastro de cordura en medio de la tormenta.
Pero no había paz en esa ca