Capítulo 238
A la mañana siguiente, todos se despidieron temprano. Roger extendió la mano solo a Livia, que la aceptó con delicadeza.
— Fue un placer.
— Para mí también.
— Nos veremos pronto.
Ella sonrió satisfecha y, con una mirada soñadora, subió al coche junto con los demás.
En el trayecto de regreso a la mansión Blake, Livia se mantuvo callada, con los auriculares puestos, sumergida en sus propios pensamientos. Abrió la aplicación de lectura y buscó otra novela. Sus ojos brillaron al encont