—Quería que te hicieras responsable —le digo con calma, bajando el tono, como si intentara suavizar algo que no tiene forma de ser amable—. Porque algún día, Daniel, esta empresa será tuya. Y aunque no lo creas… confío en tus habilidades —agrego y como dije antes, eso no es mentira. Esta empresa que fundó mi padre un día será manejada por él y me da gusto saber que es capaz de manejarla.
Él alza una ceja. No parece convencido. De hecho, parece estar decidiendo si esa frase es una trampa o si me