Tres golpes suaves en la puerta me sacan de mis pensamientos. Me abrocho la camisa con lentitud mientras la voz de una empleada se filtra desde el otro lado.
—Señor Harrington, su hijo lo espera en el despacho —avisa la mujer.
Hago una pausa. Claro. Daniel.
—Gracias —respondo sin mirar la puerta.
Me acomodo el cuello de la camisa, ocultando el rastro que Arielle dejó en mi piel y de inmediato salgo de la habitación. Camino por el pasillo con paso firme, pero mi mente… mi mente sigue clavada en l