Cuando Arielle sale del vestidor, algo dentro de mí se detiene.
Ella se dirige a la empleada que la ha estado atendiendo con su barbilla en alto y le señala el vestido que ha elegido llevarse.
—Este —le dice a la mujer, y ella lo toma de inmediato impidiéndome ver el vestido que ha elegido. Aunque en realidad no me interesa, porque sé que con cualquiera lucirá hermosa y también porque tengo la certeza de que ese vestido terminará en el suelo luego de que se lo haya quitado. Señala también un