Cuando termino la jornada, el reloj marca más de las siete. La oficina se ha ido vaciando poco a poco, pero yo me quedé atrapada entre informes, correos, reuniones y una extraña ansiedad que no puedo sacudirme. Me recuesto brevemente en el respaldo de la silla mientras mis dedos se deslizan sobre la pantalla del móvil, revisando notificaciones inútiles, ignorando otras.
Tomo mis cosas y salgo del edificio. El aire de la ciudad me acaricia el rostro y un suspiro aliviado sale de mi boca al ver e