Arielle eses como una hermosa visión, con ese vestido que se aferra a su cuerpo como si fuera parte de su piel. Que se eleva descaradamente permitiéndome hundir mis manos en la piel de sus muslos.
Sus labios están entreabiertos, sus pupilas dilatadas. Dios, cómo arde el aire entre nosotros. Tan cerca, tan jodidamente cerca… y aun así su respiración acelerada me recuerda que es intocable.
Excepto que no lo es. Porque yo sé que no hay nadie más que sa dueño de su cuerpo. Que no hay hombre a quien