Marco el número de mi asistente mientras estoy en el ascensor. El silencio de la cabina es apenas interrumpido por el zumbido de la llamada. Cuando contesta, mi voz suena más áspera de lo que pretendo.
—Haz que Daniel se quede en la oficina. Inventa lo que sea. Dile que revise esos informes del proyecto o que hay algo que necesita su firma urgente. Lo que sea que lo mantenga lejos del pent-house por al menos un par de horas.
—Señor Harrington, ¿todo bien? —me pregunta.
—Solo hazlo —dictamino co