Perspectiva de Arielle
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Me acomodo en el asiento del jet privado una vez que hemos aterrizado, enderezo la espalda y deslizo las manos por mi vestido, mientras mi corazón late frenéticamente. Sé que estamos por terminar aquel sueño suspendido que vivimos en Zúrich, ese paréntesis del mundo real donde Cassian y yo nos pertenecíamos sin culpa ni barreras.
Cassian no ha dicho una sola palabra desde que abordamos el avión. Me habla solo cuando es indispensable, y cuando lo hace, su voz es esa vers