El campus universitario estaba lleno de vida.
Risas que estallaban sin cuidado, mochilas golpeando espaldas distraídas, hojas impresas que se deslizaban entre dedos nerviosos. El murmullo constante de estudiantes hablaba de exámenes acumulados, entregas de último minuto, cafés tomados a deshoras y planes improvisados para el fin de semana. El sol caía tibio sobre los jardines, arrancando destellos verdes a los árboles que bordeaban los edificios antiguos, esos mismos que parecían haber visto generaciones enteras pasar sin cambiar demasiado.
Por un momento, todo parecía normal.
Chely salió del edificio principal con una carpeta bajo el brazo y una sonrisa genuina en el rostro. No era forzada, no era estratégica. Era real, casi olvidada.
—Listo —dijo—. Si ese profesor me vuelve a pedir una corrección más, lo denuncio por acoso académico.
Lía rió, acomodándose la bolsa en el hombro con cuidado por su vientre ya demasiado grande. El movimiento era instintivo, protector, como si su cuerpo