Capítulo 52: Nueva Amenaza

El silencio fue lo primero que la golpeó.

No el silencio real —el restaurante seguía lleno de murmullos, platos chocando, cubiertos rozando porcelana y risas apagadas—, sino ese otro, más profundo y cruel, que se le instaló en el pecho como una losa. Un silencio interno, denso, que le cerró la garganta y le apagó la voz a Lía en el mismo instante en que lo vio.

No hubo advertencia ni hubo tiempo para prepararse.

Su cuerpo reaccionó antes que su mente. El pulso le martilló en los oídos, el aire se le quedó atrapado en los pulmones y el mundo se redujo a una tensión insoportable que le recorrió la piel como electricidad estática. Sintió un calor súbito en la nuca, en los brazos, en el vientre. Un instinto primitivo de alerta, de pertenencia, de miedo.

No pudo hablar, bo pudo levantarse ni pudo siquiera apartar la mirada.

Era como si todo el miedo de los últimos días, toda la adrenalina contenida, toda la angustia que no se había permitido sentir… la hubiera alcanzado de golpe, sin pieda
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