Las semanas pasaron entre investigaciones, sexo y mucha calma.
Seis meses. La cifra se le repetía en la cabeza a Lía como un recordatorio constante del tiempo que avanzaba sin pedir permiso. Su barriga ya no era para nada discreta, parece que creció de más ese último mes y ahora es más barriga que mujer.
El embarazo avanzaba sin complicaciones. El bebé estaba fuerte. Demasiado activo, según el médico, que sonrió divertida cuando Lía se quejó de las patadas nocturnas y del cansancio que se le acumulaba en la espalda baja.
—Tiene carácter —dijo Adrik, con un orgullo que no intentó disimular.
—Tiene tu mal genio —respondió ella, fulminándolo con la mirada, aunque la comisura de sus labios se elevó sin permiso.
Ese día del control prenatal no fue distinto a los anteriores y aun así, todos estaban ahí.
No por paranoia, por instinto. Todos querían estar involucrados.
Adrik no se había movido ni un centímetro de su lado desde que cruzaron la puerta del consultorio. Permanecía de pie, atento,