—¿Señora Volkov…?
Irma asomó primero la cabeza, con expresión tensa, como si ya supiera que algo no estaba bien. No entró del todo, nunca lo hacía cuando percibía ese ambiente cargado que solo existía en oficinas donde se tomaban decisiones capaces de arruinar vidas. Lía levantó la vista desde el sillón, Josué, a su lado, dejó de hablar a mitad de una frase.
Ambos soltaron el aire casi al mismo tiempo.
Durante un segundo creyeron que la interrupción sería inocua, que simplemente podrían salir d