Un mes pasó y las cosas todavía seguían tensas, pero más soportables.
Adrik no soportaba pelear con su gitana, así que buscó solución a los problemas. Josué tenía terminantemente prohibido el acceso a su oficina, eso Lía no lo sabía, pero fue solución para la discusión.
La mansión ya no se sentía como un campo de batalla latente, sino como una fortaleza viva. Había movimiento constante, pero no caos. Guardias que rotaban sin sobresaltos, informes que llegaban puntuales, noches sin alarmas. Inc