El cuerpo de Josué Rossi quedó suspendido contra la pared, los pies apenas tocando el suelo. La mano de Adrik apretaba su cuello con la precisión de alguien que sabía exactamente cuánta presión aplicar para matar o para asustar.
El restaurante entero se congeló, el tintinear de las copas se detuvo, las conversaciones murieron a medias y los músicos dejaron de tocar sin que nadie se los pidiera. Incluso el aire pareció volverse más espeso, cargado de una electricidad peligrosa.
Lía se llevó una mano al vientre de forma instintiva. No por miedo solo por ella, sino por el niño. Siempre por él. Su cuerpo reaccionaba antes que su mente, como si ya hubiera aprendido que el peligro no avisaba.
Chely ya estaba de pie, la espalda recta, la mirada dura. Nikolai y Damir habían tensado los hombros al mismo tiempo, sincronizados como soldados que compartían demasiadas batallas. Maya observaba la escena con los ojos encendidos, fascinada, como si acabara de presenciar un espectáculo privado. Viktor