La mansión despertó con un silencio distinto.
No era la quietud cómoda de los lugares seguros, sino una calma expectante, cargada de decisiones no dichas y pensamientos afilados. Lía lo sintió incluso antes de abrir los ojos. Tenía la sensación de que algo se estaba moviendo bajo la superficie de su vida, como una grieta lenta que avanzaba sin hacer ruido.
Se incorporó despacio en la cama, llevándose una mano al vientre de forma instintiva. La barriguita ya no podía ocultarse ni siquiera bajo l