—Jefe —los hombres de Adrik lo recibieron apenas cruzó la puerta—, tenemos a uno. Está en el hospital.
Adrik subió al auto sin decir nada. Tenía un solo objetivo: encontrar a su mujer y quien se interpusiera en su camino iba a morir.
No fue difícil deducir lo que pasaba. Arrinconó a un idiøta en el muelle, amenazándolo con lanzarlo al mar con un bloque atado al cuerpo. El hombre cantó como una perrä cobarde.
Sabía que el robo y el ataque fue una distracción para poder secuestrar a su muje