Aterrada se quedaba corto para describir lo que sentía Lía. Había sido encerrada en una habitación sin ventanas, sin agua, sin nada que pudiera usar para defenderse. ¿Por qué la capturaron? Si ellos habían acabado con Adrik, ¿qué podían querer con ella?
Solo pensar que el padre de su hijo, el hombre que se había ganado su corazón con una intensidad que aún no alcanzaba a comprender, pudiera estar muerto la destrozaba desde adentro. ¿Acaso era cierto lo que le dijeron?
La puerta chirrió. Lía se encogió sobre la cama, se limpió las lágrimas con desesperación y levantó la mirada.
El pelirrojo de ojos azules se detuvo en el umbral, observándola con un gesto tan frío que la hizo temblar.
Peter, desde que lo vio supo que estaba en peligro real. No era como cuando se enfrentaba a Adrik. Con Peter no había fuego, había muerte.
Se paralizaba solo de sentirlo cerca.
¿Debería decirle que estaba embarazada? ¿Pedir misericordia? No, no podía arriesgarse a que usaran a su hijo en su contra.
—Así qu