Sin más que hacer, Adrik abrió la llamada y con voz gruesa contestó:
—¿Padre?
Del otro lado se escuchó una voz dura, envejecida por la violencia, pero inconfundiblemente paternal.
—A mis oídos ha llegado la noticia de que mi hijo tiene una prometida.
Adrik cerró los ojos con fuerza. Por eso su padre era el líder supremo. A Vladimir Volkov no se le podía ocultar nada; tarde o temprano se enteraba de absolutamente todo.
—He organizado una fiesta con todas las casas con las que tenemos alianza