Las cosas estaban tensas. Tan tensas que el aire del mundo mismo parecía pesar sobre los hombros de Lía.
Aun sabiendo que Elzo merecía perder la mano… quizá hasta la vida, Lía no podía soportar la idea de que el hombre con quien estaba destinada a compartir un hijo y una vida, fuera capaz de semejante brutalidad.
Por más que intentara justificarlo, no podía. Ella sanaba, cuidaba y protegía. La medicina era su propósito, su refugio y su identidad. Saber que Adrik arrancó una mano sin pestañear l