Chely fue castigada por Nikolai después de haberlo ridiculizado delante de su propio jefe. El hombre aún no podía digerir que una mujer -una simple mortal, según él- hubiera puesto en jaque su autoridad frente a todos. Por supuesto, ella no había llamado a nadie como había prometido entre gritos de desafío; no le dieron tiempo. Solo le dejó claro que podía joderle la vida cuando quisiera, y eso bastó para humillarlo.
Lía, por su parte, intentó calmarla y ponerla al tanto de todo. Le explicó su trato con Adrik, las promesas y condiciones que los unían, pero su mejor amiga no reaccionó como esperaba: Chely la llamó loca, suicida y masoquista por aceptar convertirse en la pareja del hombre más peligroso de Italia.
Aun así, Lía mantuvo la calma. Sí, Adrik no era un santo, ni siquiera un hombre común, pero con ella… no era un animal. Tenía su lado oscuro, sí, sus delirios de grandeza y su necesidad de controlarlo todo, pero no la maltrataba. Había límites en su monstruosidad, y de alguna f