—Apuesta hecha, ¿pensaste en las consecuencias cuando despreciaste a este señor?—Susie dijo con frialdad.
—¡Yo dirijo una tienda, no para que arruines nuestra reputación! Tienes dos opciones: o te desnudas y corres por la calle, o te liquidas y te largas, y avisaré a todas las joyerías de esmeraldas para que no te contraten. Tú decides.
Ante la firmeza de Susie, ninguna de las dependientas se atrevió a defender a Aitana. Temían que Susie las reprendiera a todas.
—Jefa, lo siento, ¿puedo disculpa