—¿Tienes o no tienes huevos? Ah, se me olvidaba, los tuyos ya están rotos, ni siquiera eres un hombre.—Manolo se burló, sin saber que el —inútil—Faustino había estado con Lara.
—Malditos, ¡esperen!—Faustino, incapaz de soportar la humillación de Lara, sacó su viejo Nokia y llamó a la policía. La policía llegó rápidamente.
—¡Maldito, tú… realmente llamaste a la policía?—Manolo se acobardó.
—¿Para qué tener miedo? Aunque llame a la policía, no nos pueden arrestar, somos sus suegros, pegarla es nue