En el sueño, Faustino aparecía de nuevo, alto, guapo, irresistible. Larisa compartía emocionada las buenas noticias.
—¿De verdad? ¡Qué bien, Larisa, sigamos haciendo el amor…
Y Faustino iba a empezar a desvestir a Larisa.
—Larisa, ¿te gusta que te haga el amor?—La voz de Faustino era muy sensual.
—Me… gusta… quiero que me folles todos los días…
Larisa, ruborizada, bajó la cabeza, y luego, emitió unos gemidos que te erizaban la piel…
…
Faustino, por su parte, acompañó a Ximena hasta el comienzo d