—¿Se enojó acaso? No creo... —Faustino se rascó la cabeza instintivamente.
Por supuesto que sabía que Ximena estaba enojada, pero con Larisa a su lado, no se atrevía a ir a consolarla. Viendo que el auto ya había arrancado y se alejaba lentamente, Faustino se sintió muy ansioso.
—Eres un verdadero tonto, seguramente está enojada porque no fuiste lo suficientemente leal —dijo Larisa pellizcando el brazo de Faustino.
—¿Ah, sí? —Faustino aún no había procesado la situación.
—Claro que sí. Ella te a