—¡Ay, Faustino, pero que bruto eres! ¡No tienes ni una pizca de consideración! —sollozó Larisa.
Larisa esperó a que sus padres se durmieran para ir a escondidas. Pero para su mala suerte, Faustino la confundió con un intruso y terminó dándole con el palo de una escoba, haciéndola llorar de inmediato.
—¡Larisa! Pensé que eras un ladrón, no tenía idea de que eras tú —se disculpó Faustino apresuradamente.
—Si hubiera sabido que eras tú, jamás te habría pegado —continuó, mientras empezaba a masajear