—Victoria, ¿ya no te quedarás en la ciudad?
Larisa preguntó sorprendida.
Claro que no creía que Victoria quisiera seguir a Faustino por dinero.
—No, ya no tengo nada que me ate aquí.
Victoria negó con la cabeza y sonrió con amargura.
—La tienda ya está hipotecada, quedan pocos días para que venza el plazo, y mi inútil hermano… ya no puedo controlarlo.
—Creo que son muy buenas personas, durante tantos años, nadie me ha defendido y apoyado como ustedes.
Victoria empezó a llorar, con lágrimas y sol