—¡Adiós, Lara!
Faustino estaba muy contento en lo profundo su corazón, olió sus manos algo húmedas y no pudo evitar sentirse un poco confundido.
—Qué aroma...
Y en ese momento ¡Lara ya caminaba con gran dificultad!
Él había tomado una decisión firme en su corazón: no importaba lo que sucediera esta noche, ¡definitivamente iba a acostarse con Lara!
—Señorita Torres, ya regresé.
En media hora, Faustino ya había regresado muy feliz a la clínica.
—¡Muchacho, por qué tardaste tanto!
Rosalba escuchó s