Victoria pensaba para sus adentros: Ay, si mi hermanito bueno para nada tuviera la mitad del talento de Faustino, ¡no hubiera perdido tanto!
—¡Un inútil! ¡Perdiste tanta lana, a ver cómo le explicas al jefe!—Tadeo, con una sonrisa maliciosa, le dijo a Damián mientras veía a Faustino exigirle el dinero.
—¡No me creo que hayas ganado tantas manos seguidas! ¡Debes estar haciendo trampa!
—¡Dime, ¿hiciste trampa o no?!— Damián, con los ojos rojos de la rabia, le gritaba a Faustino, ¡hasta se subió a